Vecinos de población Los Nogales vivieron una noche de canto lírico y música docta

La velada única contó con el destacado barítono chileno Javier Arrey y la pianista surcoreana Eun Seong Hong protagonizaron un impecable recital.
Durante la tarde del domingo 22 de marzo, coincidiendo con la llegada del otoño, los participantes del Hogar de Cristo y los vecinos de la población Los Nogales, en Estación Central, vivieron un concierto inolvidable en la parroquia Santa Cruz, ubicada en Los Pingüinos 4255. En esta ocasión especial, el evento ofreció una experiencia poco común en el barrio: una noche lírica repleta de emoción y magia musical.
El altar se transformó en una escena vibrante, con una pantalla gigante de luces de colores como telón de fondo, mientras que justo frente a las bancas se instaló un majestuoso piano de cola. Así comenzó una velada única donde el destacado barítono chileno Javier Arrey y la pianista surcoreana Eun Seong Hong protagonizaron un impecable recital.
El espectáculo no estuvo limitado a ellos dos; también contaron con la participación de las talentosas voces de José Azócar, Andrea Aguilar, Pilar Garrido y María José Uribarri. Durante los 90 minutos que duró el concierto, se interpretaron fragmentos inolvidables de óperas célebres, incluyendo la icónica “Habanera” de Carmen y concluyendo con el tradicional brindis de La Traviata, el cual está disponible para revivir en su canal de Instagram.
La respuesta del público fue apoteósica. De pie y entre aplausos sonoros, celebraron el talento de los seis músicos que hicieron vibrar el altar con su arte. No obstante, el evento no solo fue música y espectáculo; también ofreció un espacio para la interacción. Javier Arrey permitió a los asistentes realizar preguntas, como la de una niña curiosa que quiso saber cuánto se debía estudiar para ser cantante lírico. Andrea Aguilar respondió que, al menos, ocho años eran necesarios como base, generando admiración entre la audiencia. Otros asistentes preguntaron con entusiasmo cuándo regresarían al barrio, emocionados ante la idea de repetir una experiencia tan excepcional.
Los agradecimientos no tardaron en llegar. Yolanda, vecina de Los Nogales y con 82 años a cuestas, expresó su gratitud diciendo: «Solamente agradecer que hayan venido donde está el pueblo. La gente no tiene la facilidad para ir a un teatro. Para mí es maravilloso ver a tantos pobladores disfrutando de esto. Nos alegra el alma; aprendemos a ver y sentir la música. Es un honor contar con ustedes”. Por su parte, Lorena, otra vecina del sector, no ocultó su fascinación tras el cierre del evento: “Es la primera vez que escucho ópera y quedé maravillada. Mil veces lo volvería a vivir. Esto llena el corazón; muchas gracias al Señor por permitirnos experimentarlo”. El cierre del concierto tuvo un broche de oro inesperado: un cálido brindis con empanadas, torta y bebidas que permitió romper cualquier barrera entre artistas y asistentes, invitando al diálogo cercano y amistoso que rara vez ocurre en los grandes escenarios. Para los intérpretes, cantar tan próximos al público fue una experiencia emocionalmente enriquecedora.
La mezzosoprano María José Uribarri confesó que, aunque al principio la cercanía “impresiona”, este formato abre paso a una conexión sensorial profunda y auténtica. “Fue hermoso ver sus rostros de asombro. A pesar de cantar en otro idioma, sentían lo que queríamos expresar”, señaló Uribarri, destacando el valioso diálogo no verbal que emergió durante la presentación.
En sintonía con ella, la soprano Pilar Garrido resaltó la importancia de acercar géneros artísticos que suelen percibirse como distantes o elitistas: “Cuando uno está tan cerca del público, se genera otra energía. En escenarios grandes estamos alejados, pero aquí pudimos sentirnos más humanos y cercanos. Para nosotros fue muy enriquecedor estar acá con tantos vecinos”.
La pianista Eun Seong Hong también compartió su emoción por la experiencia: “Fue un honor compartir nuestro amor y talento con todos ustedes. Siempre soñamos con vivir un momento especial como este junto al público”.
Finalmente, Javier Arrey definió la jornada como un «tremendo placer», confesando que él y sus compañeros se marcharon con el «corazón llenito» tras haber llevado su arte a un lugar donde la ópera es poco habitual.
Sin duda, aquella tarde marcó un antes y un después para Los Nogales, transformando la parroquia Santa Cruz en el epicentro de una celebración artística cálida y profundamente humana.